Solo para millonarios

Solo para millonarios

Se consideran millonarios a quienes cuentan con uno o varios millones de dinero, y los más acaudalados tienen su lugar en una lista como la de Forbes, lo que permite dar a conocer a otros, a parte de ellos mismos quienes ocupan los primeros lugares.  Pero en esta oportunidad me referiré a otro tipo de millonario que también tienen lugar en una lista, pero en la mayoría de los casos, ni ellos mismos se dan por enterados que están allí y de lo acaudalados que son.

Me refiero a todos los creyentes del único Dios vivo conocidos como cristianos, y más que un tema de contenido trillado, lo que pretendo lograr es activar la conciencia en lo afortunados que somos todos aquellos que tenemos al hijo de Dios como Señor de nuestra vida.  Esto porque puede resultar fácil de olvidar cuando estamos en cualquier tipo de escasez, y más si es de dinero. Comienzo diciendo que desde el instante mismo que por voluntad propia y en pleno uso de nuestras capacidades mentales decidimos aceptar el plan de salvación que Dios nos presenta por medio del sacrificio de su único hijo Jesucristo, salimos de la lista de criaturas de Dios para ocupar un lugar en la lista de hijos de Dios herederos de su reino. Gálatas 3:29. Las santas escrituras revelan que, al creer y declarar a Jesús como nuestro suficiente salvador personal y Señor de nuestra vida, el mismo Espíritu que levanto a Jesús de entre los muertos viene a morar en nosotros Romanos 8:11. Lo que es igual a decir que dentro nuestro reposa el poder de Dios, lo que marca un antes y un después en nuestra condición de humanos, ya que ese poder cambia nuestro punto de vista y lo que antes nos parecía perdido  con el poder de Dios morando en nosotros, sabemos que todo tiene un tiempo perfecto y una solución en él, y eso no depende de la riqueza material que poseamos sino más bien de la riqueza sobre natural  a disposición nuestra. Esto es justamente lo que nos hace estar confiados en tiempo de enfermedad, escasez económica, o en otro tipo de adversidad que se nos pueda presentar. Muchos, aun siendo creyentes, basan su felicidad en posesiones materiales, o en el cariño y aceptación de personas que les rodean entre familiares y amigos. Antes que en el tesoro divino que poseen. He escuchado a cristianos declarar con tristeza “estoy solo o sola, solo Dios conmigo” exclamación que me parece vacía de razonamiento. Porque ciertamente quien tiene a Dios lo tiene todo, consuelo, amor, esperanza, nuevas fuerzas, y voluntad.  Para lograr avanzar, tal y como la palabra lo dice “Si Dios está con nosotros quien contra nosotros” o como la declaración del salmista…Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo Jehová me recogerá. Salmo 27:10. Esta semana alguien me dijo: “Soy cristiano pero pobre, si Dios me permitiera ser rico sería feliz” lo que dejo al descubierto que el concepto que tiene de felicidad, no le permite ver la fortuna que posee porque al preguntarle si algún día le ha faltado comida, techo, o si le ha tocado andar desnudo o descalzo. Respondió “nunca por la gracia de Dios” pasando de largo el hecho que es precisamente la gracia de Dios lo que nos hace ricos, actuando a favor nuestro, todos los días. En ocasiones cuando salgo con mi hija a comer un postre aprovecho para preguntarle ¿lo deseabas? siempre responde ¡sí! Seguidamente le recuerdo bueno es Dios que sumado a todo lo que nos da, nos permite disfrutar hasta de nuestros antojos de postres, eso, se llama gracia.

 Ciertamente al poner nuestra mirada en lo que deseamos y no tenemos, perdemos de vista todo lo que, si tenemos, o al compararnos con los que tienen más que nosotros, olvidamos que hay otros que tienen menos que nosotros.  

Le invito a que se tome el tiempo de ver todas las bondades de Dios en su vida a diario. Le aseguro que quedará sorprendido o sorprendida, de lo millonario o millonaria que es por la gracia de Dios en su vida. 

Concluyo mencionando que entre los deberes que como hijos de Dios debemos realizar está, el estar contentos con lo que tenemos ahora, porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré. De manera que, aunque estemos amenazados podemos decir confiadamente, el Señor es mi ayudador no temeré de lo que me pueda hacer el hombre. Hebreos 13:5. 

¿Y usted se consideraba pobre?

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